AyTBUAP 2(7)

Editorial AyTBUAP 2(7)

Martín Pérez-Santos* iD

Dirección de Innovación y Transferencia de Conocimiento de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, México. *martin.perez@correo.buap.mx

http://doi.org/10.5281/zenodo.5083734

Bajar cita (RIS): Pérez-Santos, 2017 AyTBUAP 2(7): i

Editado por: Jesús Muñoz-Rojas (Instituto de Ciencias, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla)

Fecha de publicación: 3 de octubre de 2017

EOI: https://eoi.citefactor.org/10.11235/BUAP.02.07

URI: https://hdl.handle.net/20.500.12371/9208

Referencia: Pérez-Santos M. Editorial 2(7). Alianzas y Tendencias BUAP [Internet]. 2017;2(7):i. Available from: https://www.aytbuap.mx/publicaciones#h.w1te7kjl4m4q

RESUMEN

Hoy en día, y gracias a la elevada demanda de alimentos, la industria alimenticia se enfrenta al reto de proporcionar productos de alta calidad que posean una seguridad sanitaria; es decir, libres de contaminantes biológicos y/o químicos, como patógenos, alérgenos, residuos de agroquímicos, y toxinas. Para garantizar está seguridad, las empresas han utilizado técnicas de análisis que conllevan mucho tiempo y un alto costo derivado de la utilización de equipo sofisticado. Partiendo de la necesidad de equipo y técnicas más eficientes y accesibles, ha surgido recientemente una ola de innovaciones tecnológicas, conocida como Biosensores, dispositivos bioelectrónicos que permiten la detección de contaminantes en alimentos. Los biosensores consisten de dos componentes básicos, un elemento de reconocimiento y un mecanismo de detección. El elemento de reconocimiento varía de acuerdo al analíto (aquello que se desea cuantificar), ya sea biológico (célula, ácido nucleico, anticuerpos, o enzimas) o químico (nanomateriales, polímeros). A su vez, el mecanismo de detección (dispositivo electrónico) es el responsable de obtener, amplificar e interpretar las señales biológicas y/o químicas entre la interacción del analito y el elemento de reconocimiento. Como ocurre con muchos desarrollos innovadores, algunos biosensores han tenido su origen en laboratorios de universidades o instituciones científicas. Prueba de ello es el biosensor Canary®, el cual detecta en 5 minutos la presencia, en lechugas, de la bacteria E. coli. Canary® fue desarrollado por el científico Todd Rider del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y la patente respectiva fue licenciada a la empresa Pathsensors®. La tecnología utilizada por Canary® ha servido de base para el desarrollo, por parte de esta empresa, de otros dos biosensores de patógenos, Panther® y Zephyr®. En cuestión de análisis de patógenos en alimentos carnicos, los científicos Evangelyn Alocilja y Zarini Muhammad-Tahir de la Universidad del Estado de Michigan desarrollaron un biosensor que permite detectar en 20 minutos la presencia de las bacterias E. coli y Salmonella spp en productos carnicos frescos. Asi mismo, los científicos Nile Hartman, Dan Campbell y Paul Edmonds, del Instituto Tecnológico de Georgia inventaron el biosensor, basado en técnicas inmunológicas, para detectar Salmonella y Campyllobacter en carne fresca de cerdo; está última tecnología ha sido licenciada a la empresa Lumense®. Para detectar toxinas, utilizadas en acciones terroristas, el grupo de científicos, liderado por Ligley del Laboratorio de Investigación Naval de los Estados Unidos, diseñaron un biosensor (NRL Array Biosensor) capaz de detectar, por medio de anticuerpos, las toxinas del cólera y botulismo, así como las bacterias productoras de dichas toxinas, presentes en jitomate, maíz, frijol, y hongos. La tecnología de este biosensor ha sido licenciada a la empresa Hanson Technologies®, la cual comercializa al biosensor como Hanson Leopard®. El uso indiscriminado de atrazina (herbicida) para la obtención de mejores cosechas ha conllevado a la contaminación de aguas, afectando al ecosistema mediante un efecto nocivo sobre diversos anfibios; de igual modo, a dicho herbicida se le atribuyen efectos cancerígenos en humanos. Tratando de darle una solución a esta problemática, un grupo de científicos de la Universidad Autónoma de Barcelona y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, han diseñado un biosensor que permite la detección de la atrazina en jugo de naranja y agua potable. La tecnología base del biosensor se encuentra lista para licenciarse a cualquier empresa interesada. Los científicos mexicanos no permanecen ajenos a este tipo de biosensores; por ejemplo, un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico Superior de Irapuato ha patentado un biosensor que determina la presencia de diversos compuestos pesticidas en cultivos de fresas. De igual manera, científicos de la Universidad Autónoma de Baja California ha desarrollado y patentado un biosensor que cuantifica la presencia de enzimas hidrolasas en alimentos. Así mismo, un biosensor que determina la cantidad de glucosa y fructosa en jarabes ha sido patentado por científicos del CINVESTAV-IPN. Sin embargo, pocos son los biosensores desarrollados por mexicanos, y esto nos conduce a una dependencia tecnológica de aquellos biosensores desarrollados en otros países. Por tal motivo, es necesario un fuerte apoyo a la investigación sobre nuevos biosensores, para de esta forma poner la tecnología al servicio de la cadena productiva de alimentos en nuestro país.

Palabras clave: Alianzas; AyT; BUAP; Editorial; Tendencias.


ABSTRACT

Today, and thanks to the high demand for food, the food industry faces the challenge of providing high-quality products that have health security; that is, free of biological and / or chemical contaminants, such as pathogens, allergens, agrochemical residues, and toxins. To guarantee this security, companies have used analysis techniques that are time consuming and have a high cost derived from the use of sophisticated equipment. Based on the need for more efficient and accessible equipment and techniques, a wave of technological innovations has recently emerged, known as Biosensors, bioelectronic devices that allow the detection of contaminants in food. Biosensors consist of two basic components, a recognition element and a detection mechanism. The recognition element varies according to the analyte (what you want to quantify), either biological (cell, nucleic acid, antibodies, or enzymes) or chemical (nanomaterials, polymers). In turn, the detection mechanism (electronic device) is responsible for obtaining, amplifying, and interpreting the biological and / or chemical signals between the interaction of the analyte and the recognition element. As with many innovative developments, some biosensors have originated in university laboratories or scientific institutions. Proof of this is the Canary® biosensor, which detects in 5 minutes the presence, in lettuces, of the E. coli bacteria. Canary® was developed by scientist Todd Rider of the Massachusetts Institute of Technology, and the respective patent was licensed to Pathsensors®. The technology used by Canary® has served as the basis for the development, by this company, of two other pathogen biosensors, Panther® and Zephyr®. In a matter of analysis of pathogens in meat foods, scientists Evangelyn Alocilja and Zarini Muhammad-Tahir from Michigan State University developed a biosensor that detects in 20 minutes the presence of the bacteria E. coli and Salmonella spp. in fresh meat products. Likewise, scientists Nile Hartman, Dan Campbell and Paul Edmonds, from the Georgia Institute of Technology invented the biosensor, based on immunological techniques, to detect Salmonella and Campyllobacter in fresh pork meat; This latest technology has been licensed to the company Lumense®. To detect toxins used in terrorist actions, the group of scientists, led by Ligley of the United States Naval Research Laboratory, designed a biosensor (NRL Array Biosensor) capable of detecting, through antibodies, toxins of cholera and botulism , as well as the bacteria that produce these toxins, present in tomatoes, corn, beans, and fungi. The technology of this biosensor has been licensed to the company Hanson Technologies®, which markets the biosensor as Hanson Leopard®. The indiscriminate use of atrazine (herbicide) to obtain better harvests has led to water contamination, affecting the ecosystem through a harmful effect on various amphibians; likewise, said herbicide is attributed carcinogenic effects in humans. Trying to provide a solution to this problem, a group of scientists from the Autonomous University of Barcelona and the Higher Council for Scientific Research have designed a biosensor that allows the detection of atrazine in orange juice and drinking water. The base technology of the biosensor is ready to be licensed to any interested company. Mexican scientists do not remain oblivious to this type of biosensors; for example, a group of researchers from the Instituto Tecnológico Superior de Irapuato has patented a biosensor that determines the presence of various pesticidal compounds in strawberry crops. Similarly, scientists from the Autonomous University of Baja California have developed and patented a biosensor that quantifies the presence of hydrolase enzymes in food. Likewise, a biosensor that determines the amount of glucose and fructose in syrups has been patented by scientists at CINVESTAV-IPN. However, there are few biosensors developed by Mexicans, and this leads us to a technological dependence on those biosensors developed in other countries. For this reason, it is necessary to strongly support research on new biosensors, in order to put technology at the service of the food production chain in our country.

Keywords: Alliances; AyT; BUAP; Editorial; Trends.

ISSN: 2594-0627