Habitar lo imposible: terraformación, arte, la imaginación de la trascendencia humana y el rol de los microorganismos
Ma Fernanda Díaz-Chávez1 iD, Yolanda Elizabeth Morales-García1,2 iD, Jesús Muñoz-Rojas1 iD, María del Rocío Bustillos-Cristales1 iD, Ximena Gordillo-Ibarra3* iD, Jesús Mauricio Muñoz-Morales3** iD
1Grupo “Ecology and Survival of Microorganims”, Laboratorio de Ecología Molecular Microbiana, Centro de Investigaciones en Ciencias Microbiológicas, Instituto de Ciencias Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, México. 2Facultad de Ciencias Biológicas, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, México. 3Alianzas y Tendencias BUAP, Puebla, México. *ximena.gordillo@aytbuap.mx; **mauricio.munoz@aytbuap.mx
http://doi.org/10.5281/zenodo.18137601
Bajar cita (RIS): Díaz-Chávez et al., 2025 AyTBUAP 10(40):65-81
Editado por: Alma Rosa Netzahuatl Muñoz (PTC del programa académico de Ingeniería en Biotecnología, Universidad Politécnica de Tlaxcala, Colonia San Pedro Xalcaltzinco, Tepeyanco, Tlaxcala, México).
Recibido: 15 de diciembre 2025. Aceptado: 30 de diciembre 2025. Fecha de publicación: 31 de diciembre de 2025
URI: https://hdl.handle.net/20.500.12371/30785
Referencia: Díaz-Chávez MF, Morales-García YE, Muñoz-Rojas J, Bustillos-Cristales M del R, Gordillo-Ibarra X, Muñoz-Morales JM. Habitar lo imposible: terraformación, arte, la imaginación de la trascendencia humana y el rol de los microorganismos. Alianzas y Tendencias BUAP. 2025;10(40):65–81. Dosponible en: https://www.aytbuap.mx/aytbuap-1040/habitar-lo-imposible-terraformacion-arte-la-imaginacion
RESUMEN
La idea de terraformar otros planetas ha trascendido el ámbito de la ciencia especulativa para convertirse en un potente imaginario cultural que atraviesa el arte, la narrativa y la tecnología contemporáneas. Más allá de su viabilidad técnica, la terraformación funciona como un ensayo simbólico sobre los límites de lo humano, la transformación de entornos hostiles y la aspiración a la trascendencia.
La terraformación ha sido concebida tradicionalmente como un proyecto tecnológico orientado a transformar ambientes planetarios hostiles en espacios habitables para la humanidad. Sin embargo, más allá de su viabilidad técnica, este concepto ha adquirido una profunda dimensión simbólica en el arte, la narrativa y la reflexión filosófica contemporánea. En este manuscrito se explora la terraformación como metáfora cultural de la trascendencia humana, entendida no como dominación absoluta del entorno, sino como un proceso gradual de transformación y coexistencia.
Se propone que la vida microbiana, en particular las bacterias, constituye el fundamento biológico de cualquier proceso de habitabilidad planetaria, al haber sido las colonizadoras primarias de la Tierra y las arquitectas de los principales ciclos biogeoquímicos. Asimismo, se analizan ejemplos terrestres de ambientes extremos, como los desiertos, donde asociaciones funcionales entre microorganismos y plantas permiten la generación de microhábitats y la expansión de la vida bajo condiciones adversas. Estos sistemas microbio–planta se presentan como modelos análogos de terraformación a escala local, donde la cooperación biológica transforma lo inhóspito en un espacio de posibilidad. El presente trabajo propone una visión integradora en la que arte, tecnología y biología convergen para replantear el significado de habitar lo imposible.
Palabras clave: terraformación; vida microbiana; plantas; coexistencia; arte digital.
ABSTRACT
The idea of terraforming other planets has moved beyond the realm of speculative science to become a powerful cultural imaginary that permeates contemporary art, narrative, and technology. Beyond its technical feasibility, terraforming functions as a symbolic rehearsal of the limits of the human condition, the transformation of hostile environments, and the aspiration toward transcendence.
Terraforming has traditionally been conceived as a technological project aimed at converting hostile planetary environments into habitable spaces for humanity. However, beyond its technical viability, this concept has acquired a profound symbolic dimension in contemporary art, narrative, and philosophical reflection. This manuscript explores terraforming as a cultural metaphor for human transcendence, understood not as absolute domination of the environment, but as a gradual process of transformation and coexistence.
It is proposed that microbial life, particularly bacteria, constitutes the biological foundation of any process of planetary habitability, having been the primary colonizers of Earth and the architects of the major biogeochemical cycles. In addition, terrestrial examples of extreme environments, such as deserts, are analyzed, where functional associations between microorganisms and plants enable the formation of microhabitats and the expansion of life under adverse conditions. These microbe–plant systems are presented as local-scale analogues of terraforming, in which biological cooperation transforms the inhospitable into a space of possibility. This work proposes an integrative vision in which art, technology, and biology converge to rethink the meaning of inhabiting the impossible.
Palabras clave: terraforming; microbial life; plants; coexistence; digital art.
INTRODUCCIÓN
Imaginar más allá de la Tierra
La terraformación es un proceso hipotético de modificación de un planeta para hacerlo habitable [1]; tanto para el humano como para soportar la vida terrestre. Desde sus primeras apariciones en la ciencia ficción, la terraformación ha sido concebida como la capacidad humana de transformar mundos ajenos en extensiones de la vida terrestre [2]. Sin embargo, en el contexto contemporáneo, esta idea ha dejado de ser exclusivamente un proyecto técnico para convertirse en un lenguaje simbólico que interroga nuestra relación con el entorno, la tecnología y el porvenir (Figura 1) [3, 4].
El arte y la narrativa visual han encontrado en la terraformación un espacio fértil para reflexionar sobre la posibilidad de habitar aquello que, por definición, es imposible o inhóspito [5]. En este sentido, la representación artística no busca anticipar un futuro literal, sino explorar las condiciones filosóficas, emocionales y culturales de ese deseo de trascendencia [6, 7].
Figura 1. Representación conceptual de la terraformación como proceso simbólico de habitar lo imposible. La imagen ilustra la transición entre un entorno hostil, la intervención humana y la emergencia de un espacio de posibilidad, donde arte, tecnología y filosofía convergen para redefinir los límites de lo humano. Imagen generada con la ayuda de ChatGPT y descripción de los autores.
Terraformación como metáfora cultural
Terraformar implica modificar un entorno hostil para hacerlo habitable, pero simbólicamente también significa redefinir los límites de lo humano. En el arte, esta noción se desplaza del terreno físico al conceptual: no se trata únicamente de alterar atmósferas o suelos [8], sino de transformar percepciones, identidades y formas de coexistencia [9, 10].
La metáfora de la terraformación refleja una tensión constante entre dos impulsos: el deseo de dominar y adaptar el entorno a las necesidades humanas, y la necesidad de adaptarse a algo radicalmente distinto [11, 12].
Esta dualidad aparece recurrentemente en representaciones visuales donde paisajes alienígenas, arquitecturas imposibles o ecosistemas híbridos sugieren no una conquista total, sino un diálogo inestable entre humanidad y entorno [13].
El arte como ensayo del futuro
El arte contemporáneo funciona como un laboratorio simbólico donde se ensayan futuros posibles. A diferencia de la ciencia o la ingeniería, el arte no está obligado a resolver problemas técnicos, sino a formular preguntas. En el caso de la terraformación, estas preguntas giran en torno a: ¿Qué significa habitar un lugar que no fue hecho para nosotros? ¿Hasta qué punto la transformación del entorno implica la transformación del propio ser humano? ¿Es la terraformación una extensión del colonialismo o una oportunidad para imaginar formas alternativas de coexistencia? [14–16].
Las representaciones artísticas de mundos terraformados suelen enfatizar lo ambiguo: paisajes bellos pero inquietantes, tecnologías orgánicas, cuerpos humanos modificados [17]. Estos elementos sugieren que habitar lo imposible requiere abandonar certezas y aceptar la mutación como condición de existencia [11, 18].
Tecnología, narrativa y filosofía de la trascendencia
La narrativa tecnológica que rodea a la terraformación suele presentarla como un camino hacia la salvación o la continuidad de la especie [19]. Desde una perspectiva filosófica, la terraformación puede entenderse como un acto de trascendencia simbólica, donde la humanidad intenta superar sus límites biológicos, geográficos y temporales [20]. En este proceso, el espacio deja de ser únicamente un lugar físico y se convierte en un medio de conexión, un territorio de posibilidades donde lo humano se redefine constantemente. Así, la tecnología no aparece solo como herramienta, sino como extensión de la imaginación, capaz de materializar deseos, miedos y contradicciones colectivas [21].
Habitar lo imposible: del lugar hostil al espacio de posibilidad
Habitar lo imposible no implica eliminar totalmente la hostilidad del entorno, sino aprender a convivir con ella. En las representaciones artísticas, los planetas terraformados rara vez son versiones ideales de la Tierra; más bien, son espacios liminales donde la vida persiste en condiciones precarias, híbridas y cambiantes. Este enfoque sugiere que el verdadero acto de terraformar no es convertir otros mundos en copias del nuestro, sino aceptar la transformación mutua entre entorno y habitante. El espacio hostil se convierte entonces en un medio de conexión con nuevas formas de existencia, pensamiento y sensibilidad [22].
En el número 10, volumen 40 de Alianzas y Tendencias BUAP se muestra en la portada una representación artística que implica una fase para habitar lo imposible (Figura 2), esta fase representa la llegada humana a un nuevo planeta con toda la tecnología para iniciar la terraformación.
Figura 2. Representación artística de una fase para habitar lo imposible. La idea de terraformar un planeta parte del principio de que la humanidad imagina este futuro como un camino a la trascendencia, y cómo esta idea se ensaya simbólicamente en el arte, narrativa y tecnología. Siempre con una filosofía de transformar los límites de lo humano, así como convertir el espacio de un lugar hostil a un medio de conexión a un sin fin de posibilidades.
Las bacterias y la terraformación
Antes de cualquier intervención tecnológica o arquitectónica, la historia de la vida en la Tierra muestra que la habitabilidad de un planeta es, en esencia, un proceso biológico [23, 24]. Los microorganismos como las bacterias fueron los colonizadores primarios del planeta Tierra, apareciendo aproximadamente dos mil millones de años antes que los primeros organismos eucariontes [25]. Su presencia no solo precede a las formas de vida complejas, sino que hizo posible su emergencia y evolución [26, 27].
A través de procesos metabólicos fundamentales, las bacterias transformaron de manera radical un planeta inicialmente hostil a otras formas de vida terrestre [28]. La oxigenación de la atmósfera, la formación de suelos, la movilización de nutrientes y el establecimiento de los principales ciclos biogeoquímicos (carbono, nitrógeno, azufre, fósforo) son consecuencia directa de la actividad microbiana [29]. En este sentido, la Tierra puede entenderse como un planeta biológicamente terraformado por microorganismos y que siguen sosteniendo la vida del planeta [30].
Desde esta perspectiva, cualquier especulación sobre la terraformación de otros mundos necesariamente debe considerar a las bacterias como agentes iniciales de transformación [8, 31]. No como simples herramientas al servicio de organismos superiores, sino como arquitectas primarias de condiciones de habitabilidad. Su capacidad de adaptación a ambientes extremos (altas radiaciones, temperaturas extremas, desecación o ausencia de oxígeno) las convierte en candidatas naturales para iniciar la colonización de entornos inhóspitos [31, 32], para acelerar a los procesos bigeoquímicos requeridos para el establecimiento de vida terrestre (Figura 3).
Figura 3. Representación conceptual del papel esencial de las bacterias en la terraformación. La ilustración muestra a las bacterias como colonizadoras primarias de un ambiente planetario inhóspito, actuando en la interfase entre el sustrato mineral y la atmósfera. A través de procesos metabólicos asociados a los ciclos biogeoquímicos, las bacterias inician y aceleran la transformación del entorno, posibilitando la generación de condiciones mínimas de habitabilidad. La transición visual desde lo microscópico hacia paisajes emergentes simboliza cómo la actividad microbiana precede y sustenta la aparición de ecosistemas complejos y la eventual presencia humana, destacando que la terraformación es, en esencia, un proceso biológico antes que tecnológico. Imagen generada con la ayuda de ChatGPT y descripción de los autores.
Más aún, puede pensarse que la terraformación no ocurre en solitario, sino mediante consorcios biológicos [33], donde bacterias se acoplan a organismos superiores en relaciones simbióticas que amplían los límites de supervivencia [34, 35]. En este marco, la vida no conquista el entorno de manera violenta, sino que lo transforma gradualmente desde lo microscópico, redefiniendo la frontera entre lo vivo y lo inhabitable.
En el plano simbólico y artístico, las bacterias representan una forma de terraformación silenciosa, invisible pero decisiva. Su inclusión en la narrativa de la terraformación desplaza el protagonismo exclusivo de la tecnología humana y propone una visión donde la trascendencia no surge del control absoluto del entorno, sino de la colaboración entre escalas de vida, desde lo microbiano hasta lo humano (Figura 3).
Así, la terraformación deja de ser únicamente un proyecto futuro y se revela como un proceso que ya ha ocurrido [36, 37]. La Tierra misma es el resultado de una larga historia de adaptación microbiana. Reconocer este hecho implica replantear nuestra imaginación del futuro, donde habitar lo imposible no comienza con grandes estructuras, sino con la aceptación de que la vida, en sus formas más simples, es el verdadero motor de transformación planetaria.
Microorganismos y plantas en ambientes desérticos: modelos terrestres de terraformación
Los ambientes desérticos de la Tierra constituyen análogos naturales de condiciones planetarias extremas: baja disponibilidad de agua, altas fluctuaciones térmicas, radiación intensa y suelos pobres en nutrientes [38]. En estos contextos, la vida no desaparece, sino que se reorganiza a partir de asociaciones biológicas altamente especializadas, donde microorganismos y plantas establecen relaciones funcionales que permiten la persistencia y expansión de la habitabilidad [39–41].
La introducción deliberada de bacterias acopladas a plantas en ambientes desérticos ha sido propuesta y ensayada como una estrategia para mejorar el establecimiento vegetal, la retención de humedad y la estabilidad del suelo [42]. Estas asociaciones microbio–planta actúan como sistemas integrados capaces de modificar progresivamente el entorno, reduciendo su hostilidad inicial y generando microhábitats donde otros organismos pueden desarrollarse.
Las bacterias asociadas a raíces, rizosfera o tejidos vegetales cumplen funciones clave, como la fijación biológica de nitrógeno, la solubilización de minerales, la producción de exopolisacáridos y la modulación de respuestas fisiológicas de las plantas frente al estrés [43–45]. Por su parte, las plantas proporcionan carbono, refugio físico y gradientes químicos que favorecen la persistencia microbiana. Este acoplamiento permite enfrentar condiciones adversas como la desecación, uno de los principales factores limitantes en ecosistemas áridos [46].
Desde una perspectiva de terraformación, estos sistemas pueden entenderse como modelos funcionales a escala terrestre: procesos lentos, cooperativos y acumulativos que transforman un ambiente inhóspito en un espacio progresivamente más habitable [44, 47]. A diferencia de las visiones tecnocéntricas de la terraformación, estos ejemplos enfatizan que la transformación ambiental emerge de la interacción entre organismos y entorno, más que de la imposición externa de condiciones artificiales.
En el plano simbólico y conceptual, las asociaciones bacteria–planta representan una forma de habitar lo imposible basada en la colaboración biológica [33]. No se trata de erradicar en un solo paso la hostilidad del medio, sino de generar islas de habitabilidad desde las cuales la vida puede expandirse. Así, los desiertos terrestres se convierten en laboratorios vivos que anticipan posibles estrategias para la colonización biológica de otros mundos [48].
La ingeniería genética representa una gran oportunidad. Los genes de resistencia a la desecación se han descrito en varias plantas [49]. Por ejemplo, en Xerophyta viscosa se han aislado varios genes de resurrección que permiten a las plantas adaptarse a condiciones extremas de desecación (Tabla 1) [50]. Algunos de esos genes de resurrección se han introducido en Pseudomonas putida KT2440 [51]; una bacteria biorremediadora de compuestos xenobióticos [52], promotora de crecimiento de plantas y altamente sensible a la desecación [53, 54] y como resultado de esta introducción de genes se han obtenido bacterias más tolerantes a salinidad y a la desecación [51], y lo más sorprendente es que estas bacterias recombinantes otorgan a las plantas de maíz la capacidad de tolerar la salinidad. Por otro lado, la introducción de genes de tolerancia a la desecación se puede realizar en plantas sensibles con el objetivo de hacerlas tolerantes y así poder adaptarse a ambientes adversos [55, 56]. Un ejemplo, lo constituyen los genes para la síntesis de trehalosa (Tabla 2).
La introducción de bacterias acopladas a plantas en ambientes desérticos, podría significar un ejemplo de cómo transformar un ambiente inhóspito en un sitio agradable donde otros seres vivos pueden desarrollarse [42]. Se podrían seleccionar bacterias y plantas con capacidad de tolerar ambientes adversos como la desecación [50, 57] o bien obtener organismos recombinantes para hacer más efectiva esa adaptación [51, 58].
CONCLUSIONES
La terraformación, entendida desde el arte y la reflexión cultural, trasciende su definición científica para convertirse en una poderosa metáfora de la condición humana contemporánea. Las representaciones artísticas que abordan este tema no proponen soluciones técnicas, sino escenarios de pensamiento donde se ensayan los límites de lo posible, lo humano y lo habitable.
Habitar lo imposible implica reconocer que la trascendencia no reside únicamente en la conquista de nuevos territorios, sino en la capacidad de imaginar y aceptar la transformación constante. En este sentido, el arte, la narrativa y la tecnología convergen como espacios donde la humanidad explora no solo otros mundos, sino nuevas maneras de existir en ellos.
La terraformación, observada desde una perspectiva interdisciplinaria, deja de ser exclusivamente una aspiración futurista para convertirse en un proceso que ya ha ocurrido en la historia de la Tierra. La actividad microbiana transformó un planeta inicialmente hostil en un sistema complejo y dinámico capaz de sostener vida, demostrando que la habitabilidad es, ante todo, un fenómeno biológico.
El reconocimiento del papel central de las bacterias como agentes primarios de transformación ambiental acelerada desplaza el protagonismo exclusivo de la tecnología humana y abre la posibilidad de pensar la terraformación como un proceso cooperativo, en fases y acumulativo. En este marco, las asociaciones entre microorganismos y plantas en ambientes desérticos ofrecen ejemplos tangibles de cómo la vida puede expandirse bajo condiciones extremas, generando islas de habitabilidad que permiten la incorporación progresiva de otros organismos.
Desde el arte y la reflexión filosófica, estas dinámicas biológicas enriquecen la metáfora de habitar lo imposible, al mostrar que la trascendencia no implica la imposición de un modelo único de vida, sino la capacidad de adaptarse, transformarse y coexistir con entornos radicalmente distintos. Así, la terraformación se redefine no como la reproducción de la Tierra en otros mundos, sino como la creación de nuevas formas de relación entre vida, espacio y posibilidad, donde lo microbiano, lo vegetal y lo humano participan en un mismo continuo de transformación.
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores no tienen ningún conflicto de intereses con el contenido de este manuscrito.
AGRADECIMIENTOS
A la VIEP-BUAP por el apoyo para llevar a cabo nuestras investigaciones. También agradecemos a la Dirección Internacionalización de la Investigación de la BUAP, quienes amablemente nos apoyan para que el conocimiento rebase las fronteras nacionales. Yolanda Elizabeth Morales-garcía, Jesús Muñoz-Rojas y María del Rocío Bustillos Cristales pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras por lo que agradece a la SECIHTI por el apoyo otorgado.
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